7 meses ya!
El viaje a Italia, una gozada. Y el niño aqui, entre Ramón, Conchi y su abuela, ha estado fenomenal... más que fenomenal... seguro que ha catado los bracitos y el colo mucho más que cuando estoy yo...
En este mes hemos tenido novedades.
Juan tiene ya los dos dientitos de abajo, empezaron a salir a la vez hace un par de semanas. Ha estado un pelín más mimosón de lo habitual y ha cogido un poco de tos, pero por lo demás, ni fiebre, ni molestias, todo un campeón.
Se sienta solo ya y comienza a "arrastrarse" por la alfombra, así que he tenido que poner en el cuarto de estar su cunita de viaje a modo de parque para mantenerlo alejado de los peligros!
Pesos, tallas y demás... pues no se, la verdad. Yo le veo bien, así que con tranquilidad.
Una novedad importante es que hemos comenzado con la obra de la casa nueva a la que nos mudamos. Si hacemos caso al constructor, el 1 de septiembre estaremos ahi... yo espero que por lo menos podamos celebrar el cumple de Juan en la casa nueva... estáis todos invitados.
Una mañana nos levantamos y todo había cambiado, Ramón fue a por churros para celebrarlo.
jueves, 30 de abril de 2009
lunes, 13 de abril de 2009
SSS...Semana Santa Santoñesa
Ayer volvimos del viaje a Santoña con un diente más. Sin dolor, pero con babas y a lo loco.
Ha habido poco buen tiempo y bastante agua, pero con la nueva sillita de Juan y el plástico para la lluvia, hemos capeado el temporal.
Juan ha dormido en casa de sus abuelos por primera vez, ha dado paseos por el pasaje, ha pasado mucho tiempo con su tia Lu y se ha portado estupendamente.
Come ya pures de verduras... patata, zanahoria, puerros, judías verdes... todo le gusta por ahora. También papillas de frutas, pera, naranja, ciruela, plátano. También le gusta. Le gusta todo, OIGA!
Este sábado prueba de fuego. Me voy 5 días a la Toscana con mis hermanos y Juan se queda con Conchi y con Ramón. vendrá su abuela Luci expresamente de Santoña para darle buenos paseos, todo un lujo.
Ha habido poco buen tiempo y bastante agua, pero con la nueva sillita de Juan y el plástico para la lluvia, hemos capeado el temporal.
Juan ha dormido en casa de sus abuelos por primera vez, ha dado paseos por el pasaje, ha pasado mucho tiempo con su tia Lu y se ha portado estupendamente.
Come ya pures de verduras... patata, zanahoria, puerros, judías verdes... todo le gusta por ahora. También papillas de frutas, pera, naranja, ciruela, plátano. También le gusta. Le gusta todo, OIGA!
Este sábado prueba de fuego. Me voy 5 días a la Toscana con mis hermanos y Juan se queda con Conchi y con Ramón. vendrá su abuela Luci expresamente de Santoña para darle buenos paseos, todo un lujo.
Ejercicio práctico para mi curso de literatura de viajes
Por fin hemos terminado de bajar todas las cosas al garaje. Cuando las ves delante del coche te agarra una agobio, así, gordito en la garganta. ¿Cabrá todo? La silla de paseo, la maxicosi, la cuna de viaje, el calienta-biberones, las maletas de los tres, la manta de juegos, el gimnasio. ¿Nos hemos vuelto locos o qué? Menos mal que al final hemos decidido no llevarnos la thermomix para los purés, al fin y al cabo sólo nos vamos cuatro días.
Qué diferente este primer viaje a Santoña de Juanito con aquellos viajes que hacíamos de pequeños a Sierra Espuña, a Portugal, a Madrid ida y vuelta pasando por Galicia.
Me viene a la memoria aquel Citroen color azul imposible y el humo del cigarrillo de mi madre. Siempre salíamos tarde, pero no importaba, la vida iba más despacio y los viajes duraban doce horas.
Mientras recuerdo la hamaca donde llevábamos a mi hermano en el coche, que colgaba de lado a lado y se balanceaba peligrosamente encima de nuestras cabezas, Ramón termina de amarrar la silla. Cinco puntos de fijación en dirección opuesta a la marcha, ¡señora, toda seguridad es poca cuando se trata de sus hijos!... aunque no pueda verles la cara en todo el viaje.
Todavía no nos hemos decidido a llevar el dvd portátil para que Juan vaya viendo películas, qué diferente a los “veo veo” que siempre acababan en bronca fraternal y algún que otro manotazo de mi madre imposible de esquivar.
Cuando nos entraba el sueño, nos dormíamos apoyados unos en otros. Cuando le entraba sueño a mi padre, parábamos en cualquier cuneta y él se echaba una siesta. Los niños hablan cuando las gallinas mean, decía mi madre, así que ahí nos quedábamos nosotros calladitos y sin molestar a 40 grados a la sombra.
Si alguien necesitaba ir al cuarto de baño, era fácil, se aguantaba hasta que a todos le entraran las ganas, se paraba y se hacía un “pis de campo” multitudinario y familiar. La familia que mea unida, permanece unida. A veces se cambiaban los pañales en marcha, como aquella ocasión en que mi madre lanzó un pañal bien cargado por la ventanilla con la mala suerte de ir a parar al parabrisas de unos alemanes que venían a disfrutar del sol, la playa y la hospitalidad hispana.
Ramón termina de encajar la maleta del niño, ya se ha enfadado conmigo porque no he ayudado nada. Subimos al coche y salimos del garaje. Enfilamos la nacional I camino del norte, Ramón enciende la radio y suena el soniquete tan conocido.
Hay cosas que no cambian aunque pasen tantos años, la ilusión por el viaje y el Carrusel Deportivo.
Qué diferente este primer viaje a Santoña de Juanito con aquellos viajes que hacíamos de pequeños a Sierra Espuña, a Portugal, a Madrid ida y vuelta pasando por Galicia.
Me viene a la memoria aquel Citroen color azul imposible y el humo del cigarrillo de mi madre. Siempre salíamos tarde, pero no importaba, la vida iba más despacio y los viajes duraban doce horas.
Mientras recuerdo la hamaca donde llevábamos a mi hermano en el coche, que colgaba de lado a lado y se balanceaba peligrosamente encima de nuestras cabezas, Ramón termina de amarrar la silla. Cinco puntos de fijación en dirección opuesta a la marcha, ¡señora, toda seguridad es poca cuando se trata de sus hijos!... aunque no pueda verles la cara en todo el viaje.
Todavía no nos hemos decidido a llevar el dvd portátil para que Juan vaya viendo películas, qué diferente a los “veo veo” que siempre acababan en bronca fraternal y algún que otro manotazo de mi madre imposible de esquivar.
Cuando nos entraba el sueño, nos dormíamos apoyados unos en otros. Cuando le entraba sueño a mi padre, parábamos en cualquier cuneta y él se echaba una siesta. Los niños hablan cuando las gallinas mean, decía mi madre, así que ahí nos quedábamos nosotros calladitos y sin molestar a 40 grados a la sombra.
Si alguien necesitaba ir al cuarto de baño, era fácil, se aguantaba hasta que a todos le entraran las ganas, se paraba y se hacía un “pis de campo” multitudinario y familiar. La familia que mea unida, permanece unida. A veces se cambiaban los pañales en marcha, como aquella ocasión en que mi madre lanzó un pañal bien cargado por la ventanilla con la mala suerte de ir a parar al parabrisas de unos alemanes que venían a disfrutar del sol, la playa y la hospitalidad hispana.
Ramón termina de encajar la maleta del niño, ya se ha enfadado conmigo porque no he ayudado nada. Subimos al coche y salimos del garaje. Enfilamos la nacional I camino del norte, Ramón enciende la radio y suena el soniquete tan conocido.
Hay cosas que no cambian aunque pasen tantos años, la ilusión por el viaje y el Carrusel Deportivo.
domingo, 5 de abril de 2009
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