jueves, 30 de septiembre de 2010

Juan, dos años


Saliendo como un loco del tipi que le hemos regalado por su cumple.

Hoy no ha soplado velas, mañana si con los primos y con perritos calientes

Muchas felicidades Juan!

Dos años ya con nosotros... te queremos... (aunque ya me empiece a fallar la paciencia: NO! SOLITO! ASI NOOOO! PLÁTANO NOOOO!... uf!)

domingo, 19 de septiembre de 2010

3 vs. 2

La primera semana de colegio ha finalizado con tres días sin lágrimas vs. dos días con lágrimas

Yo también lloraría si fuera él... lloraría porque no conozco a nadie en esa clase, porque esta chica que dicen que es mi señorita no se quién es... aunque tiene cara agradable.

Me dejan en un sitio extraño, con juguetes extraños, con niños extraños (muchos lloran sin parar, deben estar pasándolo fatal)... y además no se si mi madre tiene pensado venir a buscarme o me va a dejar aquí para siempre.

En mi corta trayectoria por este mundo siempre he sido el centro, ¡el rey de la casa!, me han hecho caso a todas mis gracietas, ahora tengo que compartir espacio, juguetes y atenciones.

Ir al cole es una mierda... yo ya tengo ganas de llorar...

lunes, 13 de septiembre de 2010

En la clase de los leones de la señorita Raquel todos los niños se quedan llorando


Sabes esos días en que te gustaría estar observando el mundo a través de un agujerito, sin ser vista. Cotilleando allí donde tienes prohibida la entrada... hoy me siento así.

¡Cómo me gustaría estar mirando lo que pasa en la clase de los leones de la señorita Raquel!

El primer día de clase todos los niños se quedan llorando...

Juan se ha quedado jugando con un coche y mirando con cara extraña al resto de niños...

Qué ha ocurrido después? luego nos lo contará... me muero de ganas de saber todos los detalles!

En sintonía con como son sus padres, Juan ha ido sin su baby, sin su muda de ropa toda marcadita, sin su taza con asas... un desastre... tenemos 16 años por delante para mejorar.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Una tarde cualquiera en Berria

Me tumbo en la arena con un libro entre las manos. No leo. Le observo en su ir y venir patoso entre lo que son para él dunas insalvables.

Coge el rastrillo con los dedos regordetes de una mano que en un futuro seguramente será enorme.

Un castillo, se cae: ¡me caigo! Se queda tumbado en la arena, tranquilo, con las manos amasa la arena, se levanta, se sacude en la camiseta, mira a un lado, a otro, sus movimientos son todos inconexos, caóticos, por lo menos para el observador. Baja corriendo hasta la orilla, se moja los bordes de su traje de baño verde con flores blancas, vuelve, se tira como Casillas, de lado, levanta una pierna, paradón!

Le veo subir y bajar, habla sin parar, se entretiene con cualquier cosa, imagina, lanza sorprendentemente bien una pelota de tenis sin pelo, vuelve al castillo, disfruta ¡tanto!

¡Mucho sol! Me levanto y le pongo una gorra y le planto un beso sonoro en sus mofletes y le huelo. ¡Y huele tan bien y es tan suave su piel!

Es un niño de casi dos años en la arena de Berria.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Consecuencias lácteas


No sabe si fue culpa del sombrero que no se quitó en todo el verano, pero al final de agosto sintió que llevaba mucho tiempo sin mirar hacia arriba, alto, lejos, profundo, al frente... podía ser el sombrero o tal vez las gafas de sol nuevas compradas con los 2,500€ de zapatero.

En el fondo sabía que lo que le había mantenido algo alejada del cielo azul sin límites y de las banderitas de colores colgadas en los balcones, había sido la lactancia.

Alimentar a su bebé de tres meses le hacía mirar cerca, inevitablemente hacia abajo, escudriñar las agujas del reloj de madrugada, llevar sujetador hasta para dormir y perfeccionar el arte de crear, con fulares y superposiciones, el espacio caliente y protegido para que su bebé pudiera comer cada 3 horas.

Ella sabía que no era para siempre, que las miras lejanas y las noches de verbena volverían.

Mientras tanto decidió disfrutar de cada momento lácteo cuando ella y su bebé podían aislarse del mundo, escondidos tras un foulard de rayas grises.