miércoles, 1 de septiembre de 2010

Consecuencias lácteas


No sabe si fue culpa del sombrero que no se quitó en todo el verano, pero al final de agosto sintió que llevaba mucho tiempo sin mirar hacia arriba, alto, lejos, profundo, al frente... podía ser el sombrero o tal vez las gafas de sol nuevas compradas con los 2,500€ de zapatero.

En el fondo sabía que lo que le había mantenido algo alejada del cielo azul sin límites y de las banderitas de colores colgadas en los balcones, había sido la lactancia.

Alimentar a su bebé de tres meses le hacía mirar cerca, inevitablemente hacia abajo, escudriñar las agujas del reloj de madrugada, llevar sujetador hasta para dormir y perfeccionar el arte de crear, con fulares y superposiciones, el espacio caliente y protegido para que su bebé pudiera comer cada 3 horas.

Ella sabía que no era para siempre, que las miras lejanas y las noches de verbena volverían.

Mientras tanto decidió disfrutar de cada momento lácteo cuando ella y su bebé podían aislarse del mundo, escondidos tras un foulard de rayas grises.

No hay comentarios: