
Desde su más tierna infancia, incluso antes de nacer, Lucas pensó que el mundo que le rodeaba le era hostil.
Su madre nunca pintó su cuartito con cenefas de osos ni le compró un cepillo de pelo especial ni tijeritas de puntas redondeadas.
Sus vecinas de más de 100 años (o eso le parecía a él) ya desde el principio le comparaban con su hermano... uy! Juan a tu edad ya decía "relajacioooon" y "cocodrilo".... mira! todavia no sabe comer con tenedor!
Su madre tuvo que ir pronto a trabajar aunque le hubiese gustado quedarse con él durante más tiempo... el mundo "civilizado" manda, Lucas! Hay que ganar dinero!
Siempre aborreció el número dos, que es un número de color rojo.
El segundón... uno y dos... el mayor, el pequeño, el bebé... tu no, que eres un bebé.
Siempre supo que las cosas podrían haber sido diferentes si su madre hubiese vencido la pereza para organizarle un recibimiento como es debido... estaba muy gorda, algo patosa, aquel invierno estaba durando mucho y aunque era el mes de mayo, tras el gran ventanal seguía lloviendo... pero a él le hubiera hecho ilusión! él hubiese querido ser protagonista por un día!!!
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Como podemos cambiar la historia, el domingo 23 celebramos la bienvenida para Lucas en la terraza de casa... ahora que por fin parece que ha llegado el buen tiempo.
Segundones al poder!
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